Rusia prohíbe las malas palabras en las cárceles

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Moscú— El sistema penitenciario ruso, sucesor del fuertemente estricto gulag, emitió un edicto que hubiera impactado incluso a las víctimas de las purgas de Stalin: a partir de ahora, de acuerdo con funcionarios, algunos reos tendrán prohibido decir groserías.

Conforme a una nueva regla, quienes se encuentren en centros de detención en espera de su juicio no podrán dirigirse entre sí ni con los guardias con el tradicional vocabulario lleno de ‘palabrotas’ del sistema penitenciario ruso, conocido como “fenya”.

Se trata de un lenguaje sucio pero de gran riqueza, el cual ha estado bajo la mira del Ministerio de Justicia por algún tiempo.

La regla, dada a conocer por la agencia noticiosa Interfax, prohíbe a los reos “socializar con otros individuos por medio de expresiones indecentes, amenazantes, degradantes o difamatorias”.

No se indicó de inmediato cómo es que las autoridades planean aplicar la regla. Los prisioneros rusos suelen vivir en celdas comunales estilo barracas con hasta 80 reos en una habitación, en las que los guardias tienen poca influencia sobre lo que ocurre.

Por la noche suelen ser dejados solos, encerrados y en buena medida a merced de sus propias reglas de comportamiento.

Bajo el mando del presidente Vladimir V. Putin, la política rusa ha dado un fuerte giro conservador. Una ley de 2014 prohibió maldecir en las artes, ya sea en novelas o en el teatro, a menos de que las obras fueran debidamente etiquetadas para adultos.

Esa prohibición dejó a los literatos boquiabiertos. Los diccionarios rusos de las malas palabras parten de una rica tradición: algunas palabras tienen miles de variantes y están grabadas en la literatura y la cultura rusas, particularmente en obras relacionadas con las prisiones y el ejército.

Dostoyevsky escribió que es posible expresar “incluso pensamientos profundos y analíticos” con una palabra rusa común y versátil para describir al pene.

La prohibición a las maldiciones en prisión es un nuevo giro de un mayor esfuerzo por reformar las prisiones rusas, alejándose de las grandes barracas en común del gulag, las cuales han sido vinculadas a la reincidencia. Las autoridades ahora están enfocadas en la construcción de celdas más pequeñas y el aumento de la disciplina dentro de las colonias penales.

La prohibición para los reos surge tras una iniciativa emprendida en 2013, en la que se prohibió a los guardias que hablaran en fenya, la jerga de las cárceles, entre sí y con los reos.

Pese a la prohibición, el nuevo reglamento aligeró otras reglas para los reos que están en espera de juicio. Los detenidos, quienes a menudo esperan años para tener un proceso, ahora pueden poseer un mayor rango de artículos personales, incluyendo gel de baño, desodorante y calderas eléctricas, pero no teléfonos celulares ni cámaras.

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