Cuando la comida es un castigo carcelario

A una semana de nuestro reporte especial junto al Presidente Obama en HBO, la primera vez que un presidente visita una cárcel federal de Estados Unidos, VICE está explorando el sistema penitenciario del país.

La comida de la prisión no es recordada como la cocina más apetitosa. Cualquiera que haya visto un episodio de Oz o de Orange is the new Black puede imaginar los platos poco apetitosos que son servidos a los convictos en Estados Unidos: sólo una rodaja de mortadela en dos pedazos de pan seco, indescriptibles carnes misteriosas flotando en una salsa pegote o unas lechugas con un chorro de aderezo para ensaladas. Pero imagina mezclar todas estas comidas en una barra de pan, agregarle pasas, hornearla y comerla. ¿Suena como una tortura? Ese es el punto.

El nutraloaf es una comida de castigo servida a los reclusos con mal comportamiento en ciertas prisiones y cárceles de Estados Unidos. Es una mezcla de distintos tipos de comida que son molidos y horneados hasta crear un ladrillo de pan que no tiene sabor, pero cumple todas las necesidades nutricionales diarias. El nutraloaf ha motivado acciones legales en mucha jurisdicciones, acciones llevadas a cabo por prisioneros clamando que viola la octava enmienda, por ser un castigo cruel e inusual. Pese a que gradualmente está pasando de moda, todavía muchos prisioneros lo reciben en muchas partes de Estados Unidos, desde las prisiones de Nueva York hasta las cárceles del condado de Arizona y continúa siendo un punto de contención para los prisioneros, los grupos de derechos de prisioneros y los departamentos correccionales.

Pese a ser una masa indescriptible de cosas que te alimentan, el nutraloaf se ha transformado en un símbolo de los problemas que rodean el sistema de justicia criminal estadounidense. Se espera que los criminales convictos cedan ciertos derechos mientras cumplen su condena, pero ¿Debería ser utilizado como una herramienta de castigo un derecho humano básico como la comida? Incluso si es legal, ¿Es ético?

“Esto va al corazón de la pregunta sobre cuál es el propósito de la prisión: ¿Debe ser un lugar de castigo o un lugar de rehabilitación?” me dijo Heather Ann Thompson por teléfono, una historiadora de encarcelamiento masivo de la Universidad de Michigan. “Queremos que las personas vuelvan más sanas, no menos sanas. El nutraloaf es una forma muy miope de hacer frente al castigo”.

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